Monthly Archives: November 2008

Tal vez porque pasé la mayor parte de mi adolescencia escuchando rock and roll. Tal vez porque me gustaba la literatura disidente y alternativa. Tal vez porque Cortázar criticaba a quienes escribían en papel rayado. Tal vez porque llegó a molestarme escribir en papel rayado porque “Cortázar dijo”. Las razones no importan, lo cierto es que con frecuecia me veo obligado a describirme por negativas, a dar explicaciones de por qué nunca he escuchado la música de alguna banda popular, por qué nunca me interesó ver Friends o Titanic. No ha faltado quien me diga que por no adscribirme a nada terminaré por morir solo, pero lo dudo. En realidad tengo buenos amigos y he encontrado formas de vivir perpetuamente enamorado (ocasionalmente con reciprocidad). Voy por la vida acompañado de la masa que se siente parte de nada. Vamos por la vida cantando canciones de Fito Páez y Joaquín Sabina, nos apagamos la soledad imaginada con Piazzolla y Arvo Pärt.

Cuando era niño no me molestaba ser el andasolo. Trepaba árboles, miraba hormigas, dibujaba en la arena y platicaba conmigo. En mi adolescencia me molestó por un tiempo. Quería ser aceptado, como todos, supongo. Por fortuna, mis compañeros no compartían el deseo de aceptarme, así que leía. Mucho. Para los 16 ya había dejado de buscar amor y relojeros inexistentes. Era yo frente al mundo sin más abrigo que unos poemas de Poe y unas películas de Kurosawa.

La universidad es otra historia: Reencuentros con el amor, mucha poesía, los amigos más interesantes del mundo. Muchísimo alcohol. Del barroco al jazz pasando por los tormentos del rock supuestamente “underground” (cosas que ahora me dan risa). Todo bien. Demasiadas historias de las que te forjan la vida pero nunca son buenas para las terceras personas.Y, he allí la maravilla de la vida. Toda esta vida fenomenal que he vivido desde los 18 años va en función de la gente que se define por las negativas.

Me divierto mucho. Juego porque no soy un adulto. Soy más libre y más feliz porque no tengo fe. Es fácil andar por la vida porque no soy más ni menos de lo que aparento. La tranquilidad de no estar a la moda, de no sentirme comprometido con nada. No aspiro a la riqueza y no puedo conformarme con una vida normal. No sé si soy un tonto o un payaso, pero me gusta sentir que estoy del otro lado del espejo. Tal vez aspiro a una exclusividad que, según Juarroz, no existe. Me forjé este ideal dónde ser igual era valer menos, lo sigo creyendo. Como quisiera tener lectores para saber qué piensa otra gente…