Otra vuelta por mi imaginación. Pretendo ser yo mismo un rato. Resulta dificil reconocer ese animal en el espejo. Cubierto de ollín y cardiorroto. El animal invisible ha invadido todos los rincones de mi casa.
Se que se enamorará algún día pronto. Sé que jamás hallará motivos para volver. No pasa nada, así es la vida. Quizás yo pueda amar de nuevo en el futuro. No lo sé. Por ahora todo fluye igual, incluso mejor. La mayor parte de mis problemas han sido resueltos. Bailo bajo la lluvia y tengo más música que nunca. Paso mucho tiempo solo, trato de recordar quién soy.
Todo lo demás es nada. Ordeno mi casa, ordeno mi vida, trato en vano de ordenar mi cabeza. Al final todo se acaba. El tiempo lo arruina todo. Leo mucho libros, otros se me olvidan. A lo lejos recuerdo los días en que fui libre y feliz. No siento que quede nada hermoso en mí.
Allá voy… al océano de T.S. Eliot y Ezra Pound. Me divierto con juegos fantasía y literatura de Tolkien. Hago un poco de ejercicio, Juego con un cronopio, platico con los insectos. Recorro cuatro o cinco veces la historia de la vida en el planeta. Trato de entender por qué la gente se comporta y piensa como lo hacen. Otro día de libros e insectos (y quizás la entomología aún me pueda hacer feliz).
Aún viene a verme. Cuándo está conmigo me gusta pretender que ella no quisiera estar en otra parte. Me porto optimista, trato de ser amable, comprensivo. Fracaso en todo. Se aleja y es inexorable. Ni siquiera tendré la fuerza para despedirme con dignidad.
Otra vuelta por mi vida. Quisiera dormir para soñar.
Podría pasar horas escribiendo… Dar cada minucioso detalle sobre la belleza de esta tarde. Me temo que no podría evitar caer en frases trilladas y un tanto melosas. Creo alguna vez haber discutido la idea contemplando una estatua griega que muestra dos amantes entrelazados en un beso. ¿Cuántas veces a lo largo de la historia? ¿Cuántas parejas han repetido los mismos gestos y sentimientos? Es imposible hablar de ello y hacerle honor. Todo cuánto intente decir será muy poco o sonará exagerado. Simplemente diré que fue una tarde perfecta, después, guardaré silencio.
Allá, en el otro lado del espejo tú duermes. Escuchaste la misma lluvia esta noche. El fantasma de tu recuerdo me desvela con caricias. Necesito papel y tinta para escribir poesía. Te necesito a ti. Cinco letras, dos palabras, un espectro en mi cama.
Me gusta andar bajo la lluvia porque el agua se entrega sin reservas. Me gusta escuchar a los insectos y las aves, esperar sobre la arena para ver estrellas fugaces. Me hace feliz caminar por las ciudades y montañas, recorrer el arte en todas sus formas. Me gustan los besos largos y las caricias en el alma, la pasión absurda que apenas me basta.
Hoy vi Reality Bites por milésima vez. Llevaba quizás 4 o 5 años de no verla así que fue de alguna manera refrestcante. Me sentí feliz. No deja de sorprenderme hasta que punto moldeó mi vida haber visto estas películas teniendo entre 13 y 17 años.
A lo que sigue… Chasing Amy. Kevin Smith siempre me ha entretenido, pero esta cinta en particular tuvo una influencia enorme sobre mí. Los paralelismos con mi vida son verdaderamente asombrosos.
Tampoco puedo verlas con demasiada frecuencia. Pero las recuerdo con cariño. Sé que quedaron grabadas muy profundo en mi cerebro. Puedo recordarme desvelado viendo alguna de ellas, simplemente porque contaban las historias que yo quería vivir. Al final no eran tan malas, al menos lograban retratar lo complicado que puede ser el amor y lo dificil que puede ser la vida. Quizás de una forma idealizada, pero al final, interesante. Y bien, crecí, sin darme cuenta me convertí en uno de esos personajes que van a la cafetería, opinan, se ponen melancólicos, espontáneamente dicen frases que atrapan la atención. Personajes que viven a medio camino entre el intelecto y la vagancia. Adictos a la cafeína que se inventan poesía en cualquier lado porque tienen que aprovechar el momento para explicar que se han enamorado.